sábado, 21 de julio de 2012

Yo, como la luna.

La luna no se podía ver, pues era muy pequeña y necesitaba crecer, ya que se sentía triste porque nadie la podía ver y por más que gritaba, nadie la escuchaba. 

Poco a poco comenzó a crecer, pero aún seguía siendo pequeñita y todavía sentía que iba a quedarse sola y triste ahí arriba. Necesitaba de "eso" que le hacía crecer.


De repente, un día, se hizo grande, enorme, colosal y la luna ya se sentía escuchada y protegida.

Aunque ella esperaba hacerse cada día más y más grande para poder ser así más feliz, más escuchada y más comprendida, sabía que un día dejaría de crecer, encogería y sería otra vez olvidada. Eso le ponía muy triste, pero aún así, tenía que asumirlo, algún día se apagaría para siempre y no volvería a ser tan grande como lo era en ese momento.

Pero ella, con la mirada en la galaxia, decidió ser feliz, sonreír y sentir con fuerza lo que un día se acabaría.

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