Eran las 6 de la mañana. Lo primero que vi en ese despertar fueron
esas curvas y aquella hermosa figura desperezándose que se acercaba a mí con
una sonrisa perfecta.
Ese cuerpo parecía
sacado de una obra de arte: tan delicado, tan frágil, tan sublime, en
definitiva, tan perfecto.
Cerré los ojos y
los volví a abrir ya que aún estaba medio aturdido, pero me di cuenta que era
real y que ella estaba ahí, en mi habitación, tan preciosa, como cada
centímetro de su cuerpo.
Me quedé inmóvil
ante esos enormes ojos grises que me transmitían deseo, se mordió el labio
inferior y soltó un tímido te quiero en mi oreja, a la vez que empezó a morder
suavemente y al compás de sus respiraciones subidas de tono su lengua bailaba
por mi cuello.
Me empezó a arañar suavemente la espalda con sus uñas, y yo, que
no podía más, le empecé a lamer uno de sus pechos y a mordisquearle con sumo
cuidado ese suave pezón. Fui bajando lentamente haciendo rodar mi lengua por
todas aquellas curvas tan bien definidas, hasta que mi lengua, que había
perdido la vergüenza, pensó que había llegado la hora de chupárselo. A la vez
que se oían sus respiraciones más y más fuertes mi lengua iba rozando su clítoris
cada vez con más ganas, ese clítoris a punto de estallar de placer. Fue
entonces cuando me agarró el pene y empezó a tocarme en un ritmo no muy
acelerado, pero a medida que notaba más placer iba acelerando el ritmo.
En un ligero y rápido movimiento, puse aquel cuerpo desnudo contra
la pared para agarrar sus muñecas mientras que uno de mis dedos se introducía
en su coño. Empezaron por aquel entonces sus gemidos y con mi pene duro le
empecé a dar golpecitos en aquel culo tan suave. Se giró violentamente y empezó
a chupármela de forma descontrolada. Yo, en un respirar ahogado estaba
controlando mi eyaculación para seguir con aquella locura.
Allí, de pie y contra esa pared se la empecé a meter mientras que ella se movía desaforadamente.
Me empujó a la cama y se puso encima de mí contoneándose con sus mejores
movimientos. Gritaba y gritaba sin parar como si no hubiera un mañana o un
siempre en sus días.
Desplacé aquel hermoso cuerpo poniéndolo a cuatro patas. Se la
metía bruscamente mientras que le pegaba leves mordiscos en su culo. Ella me
miraba otra vez con aquellos ojos que me hipnotizaban y llevaban a la locura.
Su sudor y el mío se convertía en uno, la habitación era testigo
de los sentimientos que en ella afloraban.
Fue en ese instante cuando se me empezó a ir la cabeza, el placer
estaba en su máximo auge, sentí un escalofrío detrás de mi cuerpo recorriéndolo
hasta llegar a la punta de mi pene. Sí, me había corrido y ella lo había hecho minutos
antes que yo.
Nos tumbamos en la cama abrazados, besándonos y recordándonos lo
mucho que nos queríamos. A ella se le escapaba una tímida sonrisa mientras se
apartaba aquel pelo alborotado de la cara y jugaba tímidamente con mis rizos
descontrolados.
Para mí, se había parado el tiempo y ya no importaba qué, ni quién me estaba esperando en la otra punta de la ciudad. No importaba si tenía que esconderme tras un “estoy enfermo” en el trabajo. Hoy no tenía ganas de soltarla, había estado echando de menos esa sonrisa, ese vaivén de caderas durante dos meses, pues desapareció un 10 de Mayo con aquel autobús naranja que nos separó duramente. Y con ese autobús desapareció mi felicidad hasta el día en que volvió a aparecer.

Es bonito y triste a la vez... Pero me gusta, aunque en vez de ''coño'' pega más ''vagina'' en un texto tan bien escrito jaja
ResponderEliminarUn besito!
haha ya... estuve dándole vueltas a la cabeza en qué poner ahí, pero odio la palabra vagina, no se por qué, pero no me gusta haha D:
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