lunes, 30 de julio de 2012

La locura de tu cuerpo.





Eran las 6 de la mañana. Lo primero que vi en ese despertar fueron esas curvas y aquella hermosa figura desperezándose que se acercaba a mí con una sonrisa perfecta.
Ese cuerpo parecía sacado de una obra de arte: tan delicado, tan frágil, tan sublime, en definitiva, tan perfecto. 

Cerré los ojos y los volví a abrir ya que aún estaba medio aturdido, pero me di cuenta que era real y que ella estaba ahí, en mi habitación, tan preciosa, como cada centímetro de su cuerpo.
Me quedé inmóvil ante esos enormes ojos grises que me transmitían deseo, se mordió el labio inferior y soltó un tímido te quiero en mi oreja, a la vez que empezó a morder suavemente y al compás de sus respiraciones subidas de tono su lengua bailaba por mi cuello.  

Me empezó a arañar suavemente la espalda con sus uñas, y yo, que no podía más, le empecé a lamer uno de sus pechos y a mordisquearle con sumo cuidado ese suave pezón. Fui bajando lentamente haciendo rodar mi lengua por todas aquellas curvas tan bien definidas, hasta que mi lengua, que había perdido la vergüenza, pensó que había llegado la hora de chupárselo. A la vez que se oían sus respiraciones más y más fuertes mi lengua iba rozando su clítoris cada vez con más ganas, ese clítoris a punto de estallar de placer. Fue entonces cuando me agarró el pene y empezó a tocarme en un ritmo no muy acelerado, pero a medida que notaba más placer iba acelerando el ritmo.

En un ligero y rápido movimiento, puse aquel cuerpo desnudo contra la pared para agarrar sus muñecas mientras que uno de mis dedos se introducía en su coño. Empezaron por aquel entonces sus gemidos y con mi pene duro le empecé a dar golpecitos en aquel culo tan suave. Se giró violentamente y empezó a chupármela de forma descontrolada. Yo, en un respirar ahogado estaba controlando mi eyaculación para seguir con aquella locura.

Allí, de pie y contra esa pared se la empecé a meter  mientras que ella se movía desaforadamente. Me empujó a la cama y se puso encima de mí contoneándose con sus mejores movimientos. Gritaba y gritaba sin parar como si no hubiera un mañana o un siempre en sus días.

Desplacé aquel hermoso cuerpo poniéndolo a cuatro patas. Se la metía bruscamente mientras que le pegaba leves mordiscos en su culo. Ella me miraba otra vez con aquellos ojos que me hipnotizaban y llevaban a la locura.

Su sudor y el mío se convertía en uno, la habitación era testigo de los sentimientos que en ella afloraban.

Fue en ese instante cuando se me empezó a ir la cabeza, el placer estaba en su máximo auge, sentí un escalofrío detrás de mi cuerpo recorriéndolo hasta llegar a la punta de mi pene. Sí, me había corrido y ella lo había hecho minutos antes que yo.

Nos tumbamos en la cama abrazados, besándonos y recordándonos lo mucho que nos queríamos. A ella se le escapaba una tímida sonrisa mientras se apartaba aquel pelo alborotado de la cara y jugaba tímidamente con mis rizos descontrolados.


 Para mí, se había parado el tiempo y ya no importaba qué, ni quién me estaba esperando en la otra punta de la ciudad. No importaba si tenía que esconderme tras un “estoy enfermo” en el trabajo. Hoy no tenía ganas de soltarla, había estado echando de menos esa sonrisa, ese vaivén de caderas durante dos meses, pues desapareció un 10 de Mayo con aquel autobús naranja que nos separó duramente. Y con ese autobús desapareció mi felicidad hasta el día en que volvió a aparecer.








2 comentarios:

  1. Es bonito y triste a la vez... Pero me gusta, aunque en vez de ''coño'' pega más ''vagina'' en un texto tan bien escrito jaja
    Un besito!

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  2. haha ya... estuve dándole vueltas a la cabeza en qué poner ahí, pero odio la palabra vagina, no se por qué, pero no me gusta haha D:

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